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No sé cómo clasificar a The Twilight Children. Por un lado tenemos una historia con elementos convencionales del género de ciencia ficción. Por el otro,  un hilo narrativo y una atmósfera del realismo mágico.  Si bien, ambos géneros pertenecen a lo fantástico, ver historias híbridas siempre sorprende.

Para empezar, The Twilight Children se desarrolla en un pueblo latino costero; escenario por excelencia del realismo mágico. ¿México, Cuba, Colombia? Gilbert Hernández, escritor de la novela gráfica,  y  Darwin Cooke, dibujante, no lo mencionan de forma directa. Sin embargo, a través de la narración gráfica nos damos una idea. Siguiendo la historia, en el pueblo suceden casos paranormales: esferas luminosas, que, a ciencia cierta, no sabemos que son. ¿Alienígenas, ángeles? De nuevo,  jamás se menciona.

Aunque esta premisa bien podría ser el argumento principal de esta historia, que en apariencia pinta de ciencia ficción, lo extraño e inquietante no recae en los fenómenos sobrenaturales, sino en el comportamiento de los pueblerinos. Ellos aceptan a estas bolas de luz como propias, como elementos comunes y pintorescos de su pueblo; de su vida. Al punto de  mantenerse absortos ante los elementos exteriores que traen consigo dichos fenómenos: niños que quedan ciegos al tener contacto con las esferas luminosas y que parece no importarle ni a ellos ni a sus padres;  agentes encubiertos y científicos norteamericanos que tiran  a lo absurdo;  o la aparición repentina de una extraña y bella mujer. Todos estos elementos que deberían extrañar a cualquier ser humano son aceptados por los pueblerinos de una manera más que común y banal; lo que a larga vuelve inquietante a la historia y la hace parecer, quizá de una manera forzada, más a un relato de realismo mágico que de ciencia ficción.

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The Twilight Children no es una obra maestra dentro del género. Su argumento libre y confuso deja lagunas en la historia que nos demuestran una cosa: Gilbert Hernández y Darwin Cooke crearon este comic para ser contemplado y no para ser entendido. No hay soluciones ni desenlaces en el hilo narrativo, sólo historias paralelas que se van construyendo a partir de los pocos personajes y que tienen un protagonista en común: el pueblo costero donde suceden cosas extrañas y nadie sabe ni se pregunta el por qué.

The Twilight Children es un gran híbrido que nos demuestra que, en efecto, el cómic también es literatura.

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