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En el libro VII de la República, Platón nos ofrece un mito que por su contenido y escritura trasciende de la literaturidad y del campo filosófico. Si bien, la obra del autor  es relevante para el pensamiento filosófico occidental, la Caverna puede leerse desde varias perspectivas: Ya sea como un cuento fantástico o, en palabras del propio Platón, como una alegoría a la condición humana.

Como obra fantástica o mito, la Caverna se presenta como un cuento propio del género de terror o de la fantasía, pues está repleto de imágenes impactantes y escalofriantes: Hombres encadenados de pies y cuellos, privados de su libertad y obligados a vivir una realidad aparente. La prosa de Platón se adelanta a su tiempo y justo en este mito su narración se convierte en un torrente de escenas, propiamente, cinematográficas. Cada párrafo se presenta como escenas.  Por algo, muchos cineastas han utilizado, como columna vertebral  para sus películas, este mito: Matrix, de los hermanos Wachowski, El show de Truman, de Peter Weir, Total Recall, de Paul Verhoeven, basada en un cuento de Philip K Dick, por mencionar algunas, pues los personajes después de vivir en un mundo aparente despiertan, o son iluminados, en un mundo real.

Por otra parte, como literatura, el mito de Platón ha inspirado  muchas novelas y cuentos de tinte fantástico, sobre todo en el campo del género de la ciencia ficción. Gran ejemplo de esto lo podemos observar en los universos distópicos de Huxley, Orwell o de García de la Barca, en donde los personajes prefieren ser prisioneros de sí mismos o de un poder superior a ellos que enfrentarse al mundo que se encuentra detrás de su realidad; o bien como punto de partida en novelas importantes como La invención de Morel, de Bioy Casares, El Aleph, de Borges, Ubik, o Valis, ambos de Philip K. Dick, autores de culto que, en más de una ocasión, han recurrido a elementos filosóficos para entretejer sus novelas o cuentos.

mito-de-la-caverna-de-platonEn el mito, Platón nos invita a imaginar un túnel subterráneo en forma de caverna, provista de una entrada, abierta ampliamente a la luz, la cual se extiende en todo lo ancho del túnel. Dentro de esta caverna habitan unos hombres que han pasado toda su vida encadenados de pies y de cuellos. De modo que estos hombres están obligados a permanecer ahí sin poder moverse y sin poder mirar hacia otro lado que no sea la inminente cueva. Sin duda, una escena sumamente terrorífica que nos remite a la crueldad, al vacío y a la desesperanza.

A cierta distancia y altura de ellos un fuego los alumbra. Entre ese fuego y los prisioneros se encuentra camino de difícil acceso. Y, en medio de este camino, hay una pantalla, que gracias al alumbramiento de la llama, sólo proyecta las siluetas  de hombres, animales y de objetos que pertenecen, al parecer, a un mundo exterior.

Los hombres encadenados sólo verán estas sombras y las considerarán como parte de su realidad, ya que no pueden contemplar nada del mundo exterior debido a su encierro: Las apariencias son lo único que observan. Ya entrados en el juego de la imaginación, supongamos que un hombre es liberado de sus cadenas y obligado no sólo a levantar sus ojos hacia la luz, sino también llevado a rastras fuera de la caverna, contemplando de esta manera una nueva realidad iluminada por un sol inminente.

En términos filosófico, para Platón la caverna representa el mundo visible en el que nosotros los humanos vivimos y el exterior es el mundo inteligible, es decir, el de las ideas. Por otra parte, las sombras que se reflejan en la pantalla son las apariencias de las cosas que percibimos y el sol que deslumbra a los hombres capaces de salir del encierro es la idea general del bien…

El hombre que fue liberado una vez que ha contemplado el mundo inteligible regresa a la caverna con la intensión de liberar a los demás hombres y contarles que afuera de ese mundo oscuro y aparente se encuentra otro mundo superior y dotado de una luz dispensadora de inteligencia y sabiduría. Sin embargo, es inútil. Los hombres encadenados, después de escuchar el relato fantástico del hombre, terminan riéndose de él. De esta manera, ofendido, el hombre iluminado se percata que lo mejor es huir del mundo de las apariencias y dejar que los hombres ciegos sigan viviendo en su ignorancia, pues la sabiduría podría significar la muerte…

Platón, La República. Traducción de Antonio Gómez Robledo. UNAM, 2000, segunda edición.


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