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La cosa va así: Un científico botánico trabaja una fórmula que pretende volver más productiva las cosechas y con esto ayudar a la humanidad. Hombres malos y ambiciosos sabotean el laboratorio en donde trabaja nuestro científico con el fin de robar la fórmula y venderla al mejor postor. Los maleantes matan a la esposa del biólogo y explotan el laboratorio; la fórmula cae en las aguas de un pantano cercano al lugar de los hechos;  el científico envuelto en llamas a causa de la explosión por reflejo se avienta al pantano y como sucede en los cómics, gracias a la fórmula, nuestro  protagonista surge de las aguas infectadas convertido en una planta antropomorfa. Alec Holland deja de ser un hombre y regresa como un monstruo, o mejor dicho como una “Cosa del pantano”.

Nuestro desdichado hombre-planta ha perdido todo, menos la esperanza. A comparación de otros monstruos surgidos a partir de ambiciones o accidentes provocados, el motor que aviva a Alec Holland no recae en la venganza, sino en la idea de  recuperar la humanidad que le fue arrebatada. Por tal motivo, nuestro monstruo se desapega de la maldad que por naturaleza le pertenece. Si bien, el exterior de Alec Holland lo aleja de la humanidad, por dentro sigue siendo más humano que antes. Niega la violencia que conlleva la venganza −y las típicas historias de cómics− y en su lugar opta por el exilio y la búsqueda de su ser.  Un total desapego al arquetipo del monstruo tradicional.

Esto es sólo una pequeñísima parte del argumento de Swamp Thing que nos presenta Alan Moore, sin duda, el mejor arco de la saga que se ha escrito hasta ahora. Moore le da un giro impresionante a la historia. Reescribe todo lo que conocíamos de Swamp Thing y vuelve a construir cada uno de los personajes.  Nos presenta un Alec Holland más alejado de los monstruos setenteros y más cercano al pensamiento filosófico existencialista y nihilista, propios de Sartre y de Camus.  Y no es para más, todo cómic  que toca o escribe este autor británico trasciende la literaturidad del cómic tradicional y lo convierte en una verdadera joya de arte: V de Vendetta, Watchmen, From the Hell, Miracleman, The Killing Joke y Hellblazer son sólo algunos ejemplos que demuestran el gran valor literario que un cómic puede llegar a tener.

  Moore recurre una vez más a los elementos del terror gótico para embellecer a un monstruo que nació en el auge de la era de las criaturas radiactivos. No obstante, Swamp Thing no recae sólo en el trabajo de Moore, sino también en la narrativa gráfica de Stephen Bissette, John Totleben, Dan Day y Rick Veitch, cuyos trazos se apegan al mundo onírico de las drogas psicodélicas y nos crean una atmósfera oscura y ominosa.

Para fortuna de los lectores mexicanos, Televisa Vértigo publicó hace poco el primer tomo recopilatorio de La saga de Swamp Thing, el cual contiene los primeros ocho números escritos por Alan Moore. En su habitual formato Monster, el libro brilla por su contenido: la introducción escrita por Len  Wein, creador de Swamp Thing, el prefacio de Ramsey Campbell, escritor de terror al que admiro,  y el colofón de Mauricio Matamoros, editor de Vértigo México, son el plus del nuevo material que llega a nuestro país. No cabe duda de que el panorama del lector mexicano de cómics comienza a ampliarse y a mostrar una veta más madura, selecta y sobre todo más inteligente.

Saga de Swamp Thing. Escrito por Alan Moore e ilustrado por Stephen Bissette, John Totleben, Dan Day y Rick Veitch. Vértigo-Televisa.

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