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El escritor fracasado y alcohólico, las prostitutas de burdeles de mala muerte y el sexo desinhibido son sólo algunos de los elementos que definen al realismo sucio de otros géneros. Bukowski, máximo representante, llevó a la popularidad este tipo literatura y lo dotó del humor ácido y sínico que lo caracteriza. Si bien, antes de él existieron Apollinaire, Celine, Henry Miller y, hasta cierto punto, Salinger, el acierto del tío Chinaski fue darle una frescura desgarradora, cruel y a la vez divertida a la prosa, es decir, menos romántica e intelectual y más coloquial.
En México, el realismo sucio se adaptó a nuestra cultura. Escritores como José Agustín, René Avilés Fábila, Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña dejaron a un lado la figura del escritor fracasado −cuyo único objetivo en la vida es coger, tomar y seguir escribiendo− para modelar una figura más jovial: un joven con pretensiones literarias que se enfrenta a los problemas sociales y políticos, teniendo como escape el alcohol, el rock and roll y las drogas psicodélicas. Y es que en México, y más en la época de los 60’s, el escritor era sinónimo de intelectualidad y pulcritud, por lo que darle el toque oscuro y de perdedor representaba una contradicción a los paradigmas establecidos y por ende un desprecio en la comunidad cultural.
Por fortuna, nuestra literatura se fue desprendiendo de este encasillamiento académico y el realismo sucio fue acaparando más espacio en la esfera literaria y cultural. Guillermo Fadanelli y Rogelio Villareal son un claro ejemplo de esto. No obstante, lejos de todas estas etiquetas literarias, existen otros escritores mexicanos que han adoptado estos recursos del realismo sucio para crear excelentes obras, sin llegar a ser parte del género.

Morderán el polvo, de Gerardo de la Torre es una novela difícil de catalogar. El autor adopta el realismo sucio para contar una historia que en mi opinión es muy sencilla, sin embargo, oscura y posiblemente bien lograda. Edgar Porter es un escritor de fotonovelas e historietas sin más pretensiones en la vida que sobrevivir. Vive cómodamente, juega al dominó con sus amigos y se embriaga a la primera oportunidad. Hasta aquí todo está bien. El problema del protagonista comienza con sus problemas de personalidad: inseguridad, baja autoestima, conformidad en la vida, lo que lo lleva a refugiarse en amores. No obstante, estos problemas hacen de Edgar un ser oscuro y repulsivo. Detrás del niño romántico se esconde un monstruo en creces.

La prosa de la Torre es ágil y muy divertida; llena de humor negro. El autor nos recrea una atmósfera lúgubre que nos conecta a los pesares de Edgar Porter. En ocasiones es tanta la desesperación que no sabemos si odiar al protagonista o las cuatro mujeres fatales con las que se relaciona: Dolores, Ausencia, Soledad y Angustia. Cada una, como su nombre lo indica, representa un arquetipo de mujer con la cual no nos quisiéramos topar. No cabe duda de que Gerardo la Torre es un excelente heredero de Ibargüengoitia, Usigli y Rafael Bernal, como bien lo indica la sinopsis que escribió Fictica.

Aventuras románticas, borracheras por desamor, cuartillas de guiones de historietas baratas y crímenes sin resolver son los elementos que nos ofrece Gerardo de la Torre en esta novela, que por desgracia no tuvo la recepción que se merecía debido al tiraje limitado de su primera edición. En el 2012 editorial Ficticia reeditó Morderán el polvo, aunque al parecer, al igual que en su primera edición, el libro quedó prácticamente agotado y fuera de circulación.

Gerardo de la Torre. Morderán el polvo. Grupo Editorial Vid, México, primera edición 1997.

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