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2293469 Cuando reseño un libro o una película trato de plasmar en mi texto todo lo acertado y lo fallido de la obra en cuestión. En ocasiones, cuando conozco al autor, comparo la obra que reseño con todo lo que ha hecho y,  que claro, he leído o visto de él. A veces me gusta explayarme y dar un contexto de la obra y del autor. No obstante, trato de dejar a un lado el egocentrismo y paja que ensombrece el objetivo de mi reseña.

Lo importante, creo yo, es  divertirme, expresar y compartir mi gusto o mi desprecio. Si lo hago bien, mi única recompensa será despertar interés a mis posibles lectores. Y si no, al menos doy de que hablar.

Hoy no escribiré una reseña; hablaré de una escritora a la que le debo mucho. Recuerdo que fue a los 15 años cuando compré uno de los primeros libros que despertaron mi vocación no sólo a la escritura, sino también al cine. Y digo vocación porque fue hasta ese momento cuando descubrí que leer cuentos fantásticos y ver películas de horror no era invertir mi tiempo a lo tonto −como decía mi madre−, sino todo lo contrario: explorar una veta que bien podía explotar; ya sea en lo académico, como trato de hacerlo, o bien, como oficio: escritor de cuentos de horror y por qué no, director de películas.

El libro fue: El horror en el cine y la literatura, acompañado de una crónica sobre un monstruo en el armario, de Norma Lazo, editado por Paidós en el 2004. Cuando leí este libro me enamoré de la escritora y, por supuesto, aún más del género de horror. Su ensayo más que ser, propiamente, un ensayo era para mí una confesión. Veía a Norma no como una escritora más que disfrutaba, sino como una chica de mi edad perdida en el tiempo y espacio con la cual me sentía identificado y a quien deseaba conocer para decirle: joder, tu libro es mi libro, me ganaste en escribirlo ahora cásate conmigo… y demás pensamientos que sólo a un adolescente se le pueden ocurrir.

Norma Lazo en la presentación de su libro Medidas extremas, acompañada de Francisco Haghenbeck (derecha) y Alberto Chimal (izquierda). Foto tomada del muro de FB de Roberto Coria.

Norma Lazo en la presentación de su libro Medidas extremas, acompañada de Francisco Haghenbeck (derecha) y Alberto Chimal (izquierda). Foto tomada del muro de FB de Roberto Coria.

Subrayé todos los libros, autores y películas que la autora me recomendaba en su libro. Fotocopié los apéndices de “Biblioteca de un aficionado al horror” y “Filmografía” y me decidí a buscar todos esos libros y películas para tener mi propia Bibliotequita del horror y la fantasía, la cual muchos de mis lectores –si es que tengo− y amigos del Facebook ya conocen.

En fin, era un adolescente enamorado de una escritora talentosa y sobre todo hermosa; sí, busqué sus fotos en Google. Pasó el tiempo y seguí a Norma Lazo con el mismo enamoramiento de la adolescencia. Descubrí que fue guionista de una mis series favoritas: La Hora Marcada. Busqué sus libros en bibliotecas públicas y, debido a mi pobreza, la cual aún padezco, sólo pude comprar algunos. No obstante, guardé con recelo mi ejemplar de El horror en el cine y la literatura, hasta el día en que tuve que salirme de casa de mis padres y misteriosamente el libro desapareció…

Hace pocos días tuve la fortuna de asistir a la presentación de su nuevo libro de cuentos Medidas extremas, editado por Cal y Arena y mi sueño de la adolescencia se hizo realidad: conocí en persona a Norma Lazo. Si en las pocas fotografías que tiene en Internet se ve hermosa, en persona se ve aún más. Claro que quedé absorto ante su presencia y mi pena y titubeos nublaron no sólo mis pensamientos, sino también todo lo que quería decirle: tuve una charla con ella llena de sonrojos y huecos: no pude decirle todo lo que quería decirle. Al menos conseguí su firma y una experiencia que me acompañará por siempre. La foto quedará pendiente…

Si leí El horror en la literatura y el cine en un día, Medidas extremas lo acabé en menos de una noche. Pero bueno, esa reseña ya se las compartiré en otro momento.

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