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libros-4Limitar todas las lecturas que han sido importantes para nuestras vidas representa un verdadero dolor de cabeza y una tristeza tremenda, siempre faltarán libros que mencionar y siempre llegarán otros a ocupar el lugar de los ya elegidos. A petición de mi amigo Ulquiorra, aquí van los diez libros que han marcado mi vida:

  1. Winny de Puh, de A. A. Milne. Con este libro, mi madre me enseñó a leer. No sólo significó mi primer acercamiento a la literatura, sino también la creación de un lazo de afecto y cariño entre ella y yo. Aún recuerdo las ilustraciones de E. H. Shepard, a través de ellas mi imaginación infantil aprendió a volar.
  2. Alicia en el país de las maravillas y a través del espejo, de Lewis Carroll. Debo confesar que me acerqué a este libro gracias a la película de Disney. En mi primer acercamiento no lo comprendí del todo, sin embargo, ya estando en la vocacional, un profesor de lógica y programación nos lo recomendó tanto que decidí darle otra oportunidad a Carroll. La relectura de este libro gestó mi gusto por la lógica y posteriormente por la filosofía.
  3. El árbol de la vida, de Pío Baroja. Siempre me he sentido identificado con el protagonista de esta novela. Andrés Hurtado mientras más estudia y más trata a los que lo rodean, más atrapado se siente. Quizá el estudio y la lectura no es la mejor manera de escapar de lo que llamamos realidad.
  4. Casi el paraíso, de Luis Spota. Comodidad, todos la buscamos y qué mejor si esta llega con el más mínimo esfuerzo posible. Aldo Contti fue por años mi modelo a seguir. No tanto por su trabajo de vividor, sino por su manera sínica de ver la vida. Una mentira bien comentada vale más que cualquier realidad, ¿o a poco no?
  5. La senda del perdedor, de Charles Bukowski. Soy feo, siempre lo he dicho y cuando se nace así la mejor manera de afrontar la vida es adaptándose. Unos se alojan en el estudio, otros en el deporte, otros más en la literatura y otros tantos en la rebeldía. Las aventuras de Chinasky eran tan extraordinaria y tan reales que mi mente precoz siempre soñó con ser como el viejo Buk. Claro, me faltaron “cojones”.
  6. La trilogía rosada: Sexus, Plexus y Nexus, de Henry Miller. Si Bukowski es grotesco y sincero, Henry Miller es poesía pura. Gracias a Miller decidí mandar la ingeniería a la chingada y dedicarme a las letras, a la embriaguez, a la bohemia y a las mujeres… Hoy vivo más pobre que Miller joven, pero eso sí, muy feliz.
  7. Fiesta, de Ernest Hemingway. Soy víctima del síndrome del pasado. No acepto el tiempo que me tocó vivir, mi vida tuvo que ser en el París de comienzos del siglo XX. Fiestas, vino, literatura, buena música, toros y Hemingway. Sé que en la actualidad todo esto se puede conseguir, pero la prosa de Hemingway te hace añorar esos tiempos que ya nunca volverán.
  8. Rayuela, de Julio Cortázar. Llegué tarde a este libro y agradezco eso. Rayuela es un compendio de cultura, que difícilmente un adolescente podría asimilar. Referencias que te llevan a otras lecturas, a otras músicas y a otros lugares. Gracias a Cortázar reforcé mi gusto por un Paris bohemio (snob), por el blues y jazz y por la vida de vagabundeo y reflexión. Algún día el snob que llevo adentro me llevará a recorrer las calles de París; algún día…
  9. Los mitos del Cthulhu, de Lovecraft. Gracias Lovecraft por juntar todos mis gusto en una serie de relatos: Libros viejos y misteriosos, ciencia ficción, terror, monstruos indescriptibles, protagonistas víctimas de sí mismos, escenarios fantásticos y un sin de escenas mórbidas y alucinantes. A él le debo mi gusto por la literatura fantástica en todas sus expresiones.
  10. Los detectives Salvajes, de Roberto Bolaño. La novela que definió mi adolescencia. Un adolescente marginal vagabundeando en las calles del DF sin encontrar un Yo. Solo y abatido con un libro bajo el brazo, con la única esperanza de escribir poemas que nadie leerá…

Esta lista queda incompleta sin los nombres de Dostoievski, Celine, Foucault, Papini, Nietzsche, Schopenhauer, Joyce, Rulfo, Arreola, Juan Villoro, Leñero, Francisco Tario, Emiliano González… espero que me perdonen.

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