leer_int Quizá sea casualidad o destino. Lo que es un hecho es que los libros llegan a nosotros de una manera sospechosa, casi fantástica. A veces los buscamos y otras veces ellos nos buscan a nosotros. No cabe duda que la conexión que establece el lector con el libro es simbiótica, telepática, misteriosa. Cuando nos damos cuenta el libro está ahí, en nuestras manos, en nuestra bolsa, en nuestro escritorio y en nuestro librero. Es todo un proceso curioso que vale la pena escribir, aunque hoy mi intención es otra.

Cada semana me establezco un límite de compra, tanto de libros como de cómics y revistas. La ley máxima es no revesar el 30 por ciento de mi ingreso semanal. Como es de imaginarse, no siempre cumplo este objetivo. El hábito de la lectura es caro y peligroso, sin embargo, el riesgo se desvanece cuando disfrutas de las historias que los libros te brindan. Es cuando descubres que los pesos que gastaste valieron la pena. Claro, si eres casado o juntado, el riesgo de gastar en libros es doble…

En fin, un buen lector no escatima en gastos cuando se topa con un libro que le atrae o que lleva tiempo buscándolo. La experiencia le va enseñando a tener un guardadito extra, el cual, por lo general, se alimenta de las privaciones de otros gustos o gastos innecesarios: cigarros, refrescos, comidas fuera de casa, noches de hotel, parrandas, etc.

Como mencioné, el lector nunca sabe cuándo será ese encuentro inesperado con ese libro y es mejor tener al menos un poco de dinero para no llevarnos una frustración que seguramente nos costará mucho tiempo superarla. De ante mano, sabemos que ser lector no es sencillo. Las batallas diarias a las que se enfrenta lo convierten en guerrero o, en el peor de los casos, en víctima. Los problemas económicos, los conflictos conyugales derivados por los gastos o el espacio, las frustraciones por no encontrar un libro o, en su defecto, los tantos libros que se le han escapado por falta de unos pesos se recompensan con los golpes de suerte. ¿Pues qué lector no ha presumido de encontrar un libro a precio de risa o en todo caso haberlo recibido como un regalo bendito? Yo creo que todos.

Haciendo una revisión de lo escrito, me he dado cuenta que lo que pretendía ser un texto presuntuoso acerca de mis nuevas adquisiciones librescas se convirtió en una pseudo-apología al lector y a sus tribulaciones para encontrar libros. No abundaré más en el tema y pasaré por alto lo que en un principio era mi objetivo: describir el hallazgo de tres joyas que ahora son parte de mi biblioteca. Así que sólo mostraré las fotografías de mis últimas adquisiciones y en la próxima entrega hablaré de ellas y mi relación con la literatura fantástica. Cambio y fuera.

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