Muestra07

Siempre he dicho que un buen cinéfilo debe saber apreciar tanto el cine de arte como el cine comercial. Para explicar mí argumento uso la analogía del mecánico que se dedica sólo a arreglar BMW y menosprecia a los Tsurus y demás carritos, aludiendo a que estos no son dignos de ser tratados. En fin, para degustar de un arte como el cine se deben romper prejuicios y estar dispuestos a perderse dentro de una película, si nos atrapa o no, la misma nos lo dirá.

    Hace pocos días, por recomendación de un gran amigo, me atreví a ver una película que se estrenó en nuestro país hace pocos meses en la 56 Muestra de Cine Internacional de la Cineteca Nacional. Independientemente de la recomendación de mi amigo, lo que me llamó la atención fue el título de la película: El gigante egoísta, de la cineasta británica Clio Barnard. Debo confesar que, como buen seguidor de la literatura fantástica, Wilde ocupa un lugar preciado en mi corazón de lector, así que no dudé en darle una oportunidad a una película de muestra… sí, sinceramente soy del 90 por ciento de las personas que se duerme con más de la mitad de las películas que exhibe la Cineteca.

    Barnard nos toma el pelo vilmente. Lo que al parecer es una adaptación de un cuento de Oscar Wilde, es, más bien, una obra totalmente independiente. El romanticismo de Wilde se queda a un lado y lo único que recibimos de él es el nombre de la película. El cuento de Barnard es crudo y en gran medida perturbador, alejado de toda fantasía y de un final feliz. Aquí no hay más gigantes que las ambiciones, los problemas y las acciones de los personajes. Dos niños pertenecientes a la sociedad marginal tratando de sobrevivir en un jardín paradisíaco, o mejor dicho, en un país de primer mundo como lo es Inglaterra.

    La historia de Barnard no es sencilla, aunque así lo parezca. La crudeza del argumento rompe los límites de la ética. El fin justifica los medios, lo importante es sobrevivir. Y nosotros como mexicanos lo sabemos bien. Ya no nos parece ajeno el ver a niños trabajando para ganarse unos cuantos pesos y así apoyar la economía familiar. ¿Cómo trabajan? No importa, lo importante es el por qué trabajan…

    El gigante egoísta es una excelente película que aborda al infante precoz y rebelde luchando con los problemas de su entorno social. Sin duda alguna, este film está al nivel de los 400 golpes, de Truffaut, Las tortugas también vuelan, de Ghobadi, o Kes, de Ken Loach. En verdad vale la pena darle una oportunidad a esta película británica. Les prometo que no se dormirán.
Cambio y fuera




        

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